Sosúa también se construye con un periodismo coherente


 

Por Karen Lidia Santana

Desde que llegué a Sosúa, hace menos de cuatro meses, he observado una comunidad decidida a transformarse. Instituciones, empresarios, comerciantes y ciudadanos trabajan para fortalecer la seguridad, recuperar espacios, organizar sectores clave y consolidar una visión cada vez más clara: la de un destino turístico familiar, sostenible y competitivo.

Por razones profesionales he tenido la oportunidad de conocer de cerca tanto los desafíos que enfrenta el municipio como los esfuerzos que diariamente se realizan para superarlos. Esa experiencia deja una conclusión evidente: Sosúa no puede definirse únicamente por sus problemas. También debe ser reconocido por su capacidad de respuesta, por sus avances y por la voluntad colectiva de construir un mejor futuro.

Queda mucho por hacer. Negarlo sería ingenuo. Pero ignorar lo que ya se ha logrado también sería injusto.

En ese proceso de transformación existe un actor con capacidad real de acelerar o ralentizar el progreso de una comunidad: los medios de comunicación.

Los medios no solo informan; también influyen. Pueden fortalecer la confianza, proyectar oportunidades y visibilizar avances. Pero ese mismo poder puede generar el efecto contrario cuando se difunden informaciones sin la debida verificación. Por eso hay una palabra que considero indispensable: coherencia.

Si promovemos las playas, la inversión, la oferta gastronómica, los hoteles y las oportunidades que ofrece Sosúa, también debemos asumir la responsabilidad de verificar cualquier información que pueda afectar la imagen del destino. No resulta coherente contribuir hoy a generar confianza y mañana debilitarla con contenidos cuya veracidad no ha sido confirmada.

Esto no implica esconder problemas. El periodismo tiene la obligación de investigar, cuestionar y denunciar cuando corresponde. Eso también es servir a la comunidad. Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre informar y simplemente reproducir.

Que una información haya sido publicada por otro medio, una página digital o una cuenta en redes sociales no elimina la responsabilidad de quien decide volver a difundirla. Cada publicación lleva implícita una validación ante la audiencia.

Antes de publicar, la pregunta debería ser simple: ¿está confirmado? Esta misma mañana quedó demostrado por qué esa pregunta es tan importante. Una plataforma local con miles de seguidores, que habitualmente promueve a Sosúa como destino turístico, difundió como actual una noticia relacionada con un incidente ocurrido en el mes de enero del presente año. El hecho era real, pero no reciente. Sin embargo, la forma en que fue presentado llevó a muchos lectores a interpretarlo como una situación vigente. Ahí radica el problema. La desinformación no siempre nace de una mentira; a veces surge de la falta de contexto. Y cuando eso ocurre, el daño a la percepción pública puede ser tan significativo como el provocado por una información falsa. La responsabilidad periodística no termina al encontrar una noticia. Comienza precisamente en el momento de verificarla, contextualizarla y presentarla con rigor.

En una era donde un titular puede recorrer el mundo en segundos, una información inexacta no solo afecta a quienes están involucrados directamente. Puede influir en la decisión de un visitante, generar dudas en un inversionista o distorsionar la percepción de quienes observan a Sosúa desde fuera.

Las rectificaciones corrigen datos. La percepción pública, muchas veces, no se corrige con la misma facilidad. Por eso la coherencia periodística también es una herramienta de desarrollo.

Ser coherente no significa publicar únicamente noticias positivas. Significa aplicar el mismo estándar a todo: verificación, responsabilidad, contexto y verdad.

Esta reflexión no responde a una posición institucional. Surge de la observación directa de una comunidad con desafíos reales, pero también con una enorme capacidad de transformación. De igual manera, nace de la experiencia cotidiana de colaboración entre instituciones y sectores comprometidos con la seguridad, la convivencia pacífica y la protección tanto de residentes como de visitantes.

La objetividad exige reconocer ambas realidades: lo que aún está mal y lo que está mejorando. Porque una sociedad no se define únicamente por sus conflictos, sino también por la forma en que los enfrenta, los corrige y avanza.

He visto problemas que requieren atención, pero también he visto algo que merece ser reconocido: personas, empresas e instituciones que, desde distintos espacios, trabajan con un propósito común: Un mejor Sosúa.

Las autoridades tienen una responsabilidad. Los empresarios también. Los ciudadanos igualmente. Y quienes comunican no están excluidos de ese compromiso.

No se trata de construir una imagen artificial ni de maquillar la realidad. Se trata de actuar con responsabilidad frente al impacto que tiene cada palabra o contenido publicado.

El futuro de Sosúa no dependerá únicamente de las inversiones, las obras, la seguridad o la promoción turística. También dependerá de la confianza que logremos construir alrededor del destino.

La confianza genera credibilidad. Y la credibilidad se fortalece o se debilita con cada mensaje que difundimos. Y, sobre todo, con la coherencia manifiesta.

Hoy Sosúa vive un momento en el que muchas personas apuestan por su transformación. En un proceso de mejora continua, hay instituciones trabajando, empresarios invirtiendo, ciudadanos involucrados y familias creyendo en un futuro mejor. La pregunta es simple:

¿Seremos parte de quienes ayudan a construir ese futuro o de quienes lo debilitan?

Pero más allá de responder esa pregunta, llegó el momento de actuar.

Invito a cada comunicador, periodista, creador de contenido, líder comunitario y ciudadano con acceso a una audiencia a asumir un compromiso sencillo, pero trascendental: verificar antes de publicar, informar con responsabilidad y comprender el impacto de cada mensaje que compartimos.

Construir un mejor Sosúa no es una tarea exclusiva de las autoridades ni del sector privado. Es una responsabilidad compartida. Cada uno de nosotros tiene la capacidad de aportar a una cultura de mayor confianza, respeto y compromiso con la verdad.

Hagamos que nuestras palabras sean parte de la solución. Que nuestras plataformas contribuyan al desarrollo. Que nuestra influencia fortalezca, en lugar de debilitar el esfuerzo colectivo de una comunidad que trabaja por avanzar.

 

 

 


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