En un mundo saturado de opiniones rápidas y juicios instantáneos, la crítica se ha vuelto un arma de doble filo. Mientras unos la usan como herramienta de crecimiento, otros la emplean como escudo para herir, dominar o mostrar superioridad. Sin embargo, la crítica constructiva, aquella que ilumina sin quemar, sigue siendo un arte poco practicado y profundamente necesario. Criticar no es simplemente señalar errores. Es reconocer la existencia de un espacio mejor, más inteligente, más ético, y acompañar al otro en ese trayecto. Desde la filosofía, pensadores como Sócrates nos enseñaron que cuestionar es esencial, pero nunca como un acto de violencia: "Conócete a ti mismo" no es un reto a tu ego, sino un recordatorio de que la autocrítica precede a cualquier juicio que sea justo y valioso. La crítica destructiva, en cambio, se disfraza de verdad y corroe la confianza. Surge del miedo, de la inseguridad o del deseo de controlar. Es fácil señalar los defectos ajenos; lo di...
Nacer en una familia donde ambos padres estuvieron presentes física y emocionalmente es un regalo invaluable, por el que estoy muy agradecida. Una familia —ya sea tradicional o diversa— no tiene como meta la perfección, sino la protección, el cuidado y el acompañamiento de cada uno de sus miembros. Es en ese entorno donde se siembra la semilla de la autoestima, la empatía y la resiliencia: virtudes que serán la base de una vida adulta más sana y equilibrada. ¿Pero qué sucede cuando un niño o una niña crece sin ese vínculo de protección? ¿Qué ocurre cuando un padre o una madre abandona? La llamada herida del abandono es una de las más profundas que puede cargar un ser humano. Sus cicatrices invisibles atraviesan la infancia y se extienden hasta la vida adulta en forma de miedo al rechazo, dependencia emocional o dificultad para establecer vínculos sanos. La psicología ha estudiado ampliamente este fenómeno. Se sabe que el trauma de abandono aparece cuando las necesidad...